Es un proyecto integrado en el Programa Daphne III, financiado por la Comisión Europea, que tiene como principal objetivo el fortalecimiento de los menores contra la violencia online, a través de módulos e-learning. Los países y organizaciones que conjuntamente han colaborado en este proyecto son Italia (Save the Children Italy), Polonia (Nobody´s Children Foundation), Dinamarca (Save the Children Denmark) y España (PROTEGELES).
miércoles, 27 de abril de 2016
Diferencia entre agresividad y violencia
En el primer seminario sobre violencia escolar organizado por la Comisión Europea en Utrech en el año 1997 se llegó a estas tres importantes conclusiones:
1) no existe una denominación común de violencia, por lo que es muy difícil pensar que cuando hablamos de violencia escolar todos nos estamos refiriendo a lo mismo;
2) no existen estudios rigurosos y fiables a nivel nacional en la mayoría de los países europeos, lo que indica que muchas veces los estudios carecen de la representación necesaria para poder inferir los resultados a otros ámbitos territoriales;
3) es imposible comparar datos o investigaciones entre distintos países y distintos investigadores.
Lo cierto es que a día de hoy estas tres conclusiones siguen siendo válidas y de máxima actualidad, ya que son el reflejo de lo que ocurre permanentemente en el tema que nos ocupa. Por un lado, no hay acuerdo en la denominación específica de la violencia en los centros educativos: unos hablan de matonismo, otros de acoso escolar otros de bullying, etc. Tampoco existen estudios rigurosos a nivel nacional (salvo el caso del Defensor del Pueblo) y además es dificilísimo comparar los estudios que se hacen porque no existen cuestionarios o protocolos homologados a nivel europeo.
Cuando hablamos de agresividad en términos generales o de violencia escolar y adolescente en particular, podemos usar como sinónimos términos que se refieren a hechos de muy distinta naturaleza; la situación se agrava si empezamos a mezclar términos como conductas antisociales, disruptivas o conflictos, pues entonces la confusión aumenta aún más.
La agresividad entendida en su sentido más vital, tanto filogenética como ontogénicamente, tiene más que ver con el impulso de lucha por la adaptación de los seres vivos que con los impulsos destructivos. Sin embargo, los seres humanos no son criaturas necesariamente violentas en su naturaleza más esencial. Además, la conducta humana, en sus aspectos más determinantes y significativos, es siempre el resultado del aprendizaje, ya sea positivo o negativo.
Conviene, por tanto, distinguir entre agresividad, en su sentido estricto de lucha adaptativa, y violencia o destructividad, que son el resultado de la perversión de la agresividad y que dependen de una manera directa de las experiencias y de las influencias negativas de la vida de las personas.
La violencia generalmente suele derivarse del resultado de la influencia del medio socio-cultural y de su incentivación o de su apoyo activo. También, y como postura necesariamente niveladora, la conducta pacífica, solidaria y cooperativa debe ser, evidentemente, valorada y recompensada por el medio ambiente que rodea el desarrollo psicológico de las personas.
* Fuente: Curso Mejora de la convivencia escolar del Aula Virtual de la Comunidad de Madrid.
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